
¡Si comes la sopa, habrá chocolate de premio! ¡Ordena tu cuarto y te doy para que compres dulces! Son algunas de las promesas que algunos padres hacemos a nuestros hijos a cambio de que obedezcan, coman y duerman como Dios manda, sin embargo, tarde o temprano, la recompensa nos resultará contraproducente.
¿Por qué no usar los dulces como 'anzuelo'?
Al premiar ciertos comportamientos de nuestros hijos con dulces, estamos colaborando a fomentarles malos hábitos alimenticios y podría provocar que los pequeños se vuelvan cada vez más caprichosos y exigentes al realizar tareas que de por sí tendrían que cumplir, por lo que lo recomendable sería premiar solo aquellas acciones que merezcan una gratificación.

Un paquete de marshmallows blancos grandes. 









