Fue tras el nacimiento de su hija Rowan en 2003, que Brooke Shields sufrió de depresión. En otras ocasiones, la actriz ya ha comentado sobre esa difícil etapa de su vida, pero ahora, durante un evento de la Fundación para la Esperanza en la Depresión, Shields habló a detalle de los aspectos más dolorosos de esta enfermedad y de cómo, hubo momentos terribles en los que incluso quiso quitarse la vida.

La llegada de Rowan al mundo, suponía ser casi un milagro para Brooke, quien luego de sufrir un aborto y siete intentos fallidos de fecundación in vitro, finalmente había podido concebir a un bebé. "Por fin tenía a una niña sana y no podía ni mirarla. No podía cogerla, no podía cantarle y no podía sonreírle... Todo lo que yo quería hacer era desaparecer y morir", declaró la actriz.

Frente a los asistentes a la ceremonia en la que recibió un premio por su apoyo a la Fundación para la Esperanza en la Depresión, Shields habló ampliamente sobre su dura experiencia. "Yo no debería existir. El bebé estaría mejor sin mí. La vida nunca iba a ser mejor, así que mejor marcharme", relató la actriz, refiriéndose a los peores episodios de su depresión postparto.

"Esa semana casi no pude resistir chocar mi coche contra un muro de la autopista. Mi bebé estaba en el asiento trasero y eso me enfadaba aún más porque pensé que ella incluso estaba arruinando mi intento de suicidio. Sólo quería estrellarme contra el muro y una amiga permaneció al teléfono conmigo, consiguiendo que volviese sana a casa", añadió la actriz de 44 años.

En un principio, Brooke -hoy madre de dos niñas, Rowan de 6 años y Grier de 3-, quiso enfrentar su serio problema de depresión por sí sola, pero finalmente, Shields buscó ayuda con un doctor que la diagnosticó con un desbalance químico.