Los niños con rasgos físicos y aroma como el de sus papás reciben más apoyo suyo en comparación con aquellos que no son tan parecidos a ellos.

Un estudio realizado entre 30 familias de Senegal estableció el primer vínculo entre el tiempo y esfuerzo que invierte un padre en sus hijos, relacionado con el parecido que tienen entre sí, a pesar de que otros estudios han investigado sobre el mismo concepto.


Otro estudio realizado en el Aeropuerto Heathrow de Londres, halló que los padres invertían tiempo y dinero extra en sus hijos cuando estos se parecen a ellos y se comportan como ellos, comparados con padres que señalaron que el aspecto físico y personalidad de sus hijos diferían del suyo.

Por impresionante que esto sea, la teoría de la evolución demuestra que esta predilección es lógica, pues antes de que existieran las pruebas de DNA para comprobar la paternidad de alguien, el parecido de los hijos era lo único que podía probar la legitimidad de los mismos.

Alexandra Alvergne, una antropóloga biológica del Instituto de Ciencias Evolutivas de Montpellier, Francia, dirigió este nuevo estudio. Para determinar cuáles niños ser parecían y olían como sus padres, su equipo involucró a más de 100 personas de una población distante, que no conocían a los niños. A todos ellos se les pidió que relacionaran imágenes digitales de los hijos con la de tres padres potenciales. Para el aroma, estas personas olieron una playera que los niños habían usado durante la noche, y se les hizo comparar el aroma con el de dos playeras distintas de dos padres potenciales.

La mitad de las veces, los participantes relacionaron correctamente a los hijos con sus padres, pero sólo los hombres pudieron relacionar a padres e hijos, basándose en el aroma de sus prendas.

El equipo compare estos resultados con un el tiempo que los padres pasaban con sus hijos cada día, se evaluó a los padres con un cuestionario psicológico para saber qué tan involucrados estaban con sus hijos y se les hizo una encuesta sobre su apoyo emocional y financiero.

Los niños que se parecían y olían como sus padres, generalmente recibían más 'inversión paterna'. Factores como sexo, edad u orden de nacimiento, no tuvo que ver con la atención que les prestaban a sus hijos, como tampoco lo tuvo la edad o riqueza de los padres.